El aprender la meditación mindfulness proporciona conocimiento sobre cómo funciona la mente.

Nuestra relación con la realidad

La realidad es un estado siempre cambiante y en movimiento impredecible. Sin embargo, nuestras limitadas pautas mentales conceptuales escogen y se concentran en algunos focos de ella, incapaces de ver la globalidad y sus ilimitadas posibilidades.

La limitación de nuestro sistema de pensamiento consiste, entre otras cosas, en estar viciado con temores y expectativas sobre cómo ocurren las cosas y cómo querríamos que pasasen. Cuando le damos vueltas a un problema, toda la cadena de pensamientos que se generan no son más que prejuicios y sin base cierta sobre el desarrollo que queremos o tememos para ese problema.

El hecho de llevar el foco de nuestra atención y, por tanto, de nuestros pensamientos de forma continua al momento presente, permite interrumpir la pauta inconsciente de realizar juicios a priori y que estemos atentos y calmados allí donde las cosas están sucediendo.

Resulta un trabajo difícil parecido a la doma de un caballo salvaje. Por eso se le llama “adiestramiento” en meditación mindfulness y por eso necesita de una práctica diaria, tan continuada como sea posible. Al aprender mindfulness actuamos sobre las pautas de percepción errónea y sus patrones de conducta asociados, y las sustituye por una actitud de observación, un “estar atento”, lo cual es de suma importancia para responder convenientemente a los estímulos y generar un estado de ánimo positivo. Con este enfoque, podemos tratar de entender todo aquello que nos rodea.

Nuestra forma de pensamiento

Nuestro pensamiento inconsciente es también siempre cambiante e impredecible. Como el pensamiento ocurre en nuestra mente, solemos identificarnos con él y sentirnos culpables por todos aquellos pensamientos que hayamos tenido y nos parezcan inaceptables o sentirnos orgullosos como medida para reforzar el ego.

La observación atenta de nuestros pensamientos nos permite conocernos y también dejar de depender de la inercia del pensamiento involuntario. Son pensamientos que, al observarlos, cruzan por la mente; pero eso no quiere decir que seamos “eso”: somos observadores decididos a mejorar, gracias a lo que ahora sabemos de cómo funciona la mente.

Percepción de miedos. Su origen en las emociones conflictivas

El origen del miedo es perder o no poder acceder aquello que queremos. Nuestro cerebro se ve bombardeado con poderosos apegos, pasiones, deseos y emociones que desatan las respuestas más agresivas y violentas, si nuestros apegos se ven amenazados.

Cuando las personas nos sentimos inseguras y amenazadas, nuestro cerebro se concentra en estrategias básicas de autoprotección. Dichas estrategias pueden ser simples respuestas de evitación o incluso llegar al ataque y a la agresividad. En situaciones así, las respuestas de comprensión, ayuda y amor altruista quedan totalmente descartadas, con lo que se puede decir que el miedo es contrario al amor y al afecto.

Nuestra naturaleza y capacidades para la compasión

El problema de nuestra civilización es que aunque en nuestra evolución hemos cultivado extraordinarias capacidades de razonamiento, imaginación, autoreflexión, etc., no nos hemos liberado del poder del miedo y nos dejamos arrastrar por emociones turbulentas.

En occidente, hemos mantenido la creencia de que nuestra naturaleza básica y las capacidades que hemos cultivado se rigen más por la desconfianza y la agresión que por la amabilidad y la compasión; sin embargo, las investigaciones neurocientíficas revelan que la capacidad de ser compasivos se halla interconectada en las neuronas de nuestro cerebro y que genéticamente estamos predispuestos a dar y recibir compasión. El problema es que hemos ido creando tendencias basadas en el miedo a perder lo que queremos, que resultan en conductas agresivas o elusivas. Por este motivo, la capacidad innata de compresión y compasión es un tipo de respuesta que tenemos que entrenar a propósito.

La cuestión es que seguimos dentro del proceso de nuestra evolución humana; ahora se nos presenta la oportunidad del florecimiento de nuestra psicología compasiva y amorosa que crea vías alternativas que aportan mayor conocimiento para tratar las dificultades a las que nos enfrentamos.

El cambio de percepciones

Cuando una persona se inicia en la investigación de su propia mente, adquiere los conocimientos y la práctica necesaria para ver y reflexionar que nuestras dificultades internas y externas de hecho contienen en su semilla la alternativa de la energía positiva. Se alcanza la comprensión profunda de ver que sufrir o tener paz depende únicamente de cómo percibimos y juzgamos lo que surge momento a momento a nuestro alrededor.